En tiempos inmemoriales,
cuyas referencias históricas son débiles, porque son recogidas a través de
leyendas y escritos religiosos, existió una tribu nómade llamada Israel, que
vago por los territorios, que hoy conocemos como oriente medio, por varios
siglos, porque debido a sus costumbres religiosas eran rechazados por las
distintas naciones que habitaban el lugar.
Fue hasta mil
doscientos años AC que bajo el liderazgo de Jacob lograron asentarse en una
región entre el mediterráneo y el mar rojo; a la muerte de Jacob este dividió
las tierras entre sus doce hijos, pero las envidias y la ambición crearon
fuertes enfrentamientos entre los hermanos, debilitándolos ante las arremetidas
constantes de sus vecinos.
Aproximadamente mil
años AC, asirios y persas conquistaron sus tierras y fueron expulsados de la
región, con el paso del tiempo los sobrevivientes se dispersaron, adoptando
diversas nacionalidades, así los encontramos en Africa, Asia y la India, donde
eran identificados por su religión, el llamado judaísmo.
El judaísmo en los
siglos venideros se esparció por el mundo, de donde además se derivaron el
cristianismo y el musulmán; actualmente podemos encontrar judíos en sus
diferentes versiones, en casi todos los países del planeta, con diversas
nacionalidades y en diferentes grupos étnicos.
En el siglo veinte,
específicamente en Estados Unidos e Inglaterra, un grupo de judíos, que por su
habilidad en los negocios hicieron gran fortuna, consiguieron un acceso
privilegiado al poder, fundando la doctrina sionista, expuesta por Herz.
El sionismo
básicamente se fundamenta en tratar de unificar a los judíos, dándoles el
estatus de una nación, basándose en escritos bíblicos los identifican como el
pueblo elegido de Dios, arrogándose la supremacía sobre otras nacionalidades y
el derecho a recuperar una tierra prometida en la biblia, que ubican en lo que
era Palestina ocupada por los ingleses en esos tiempos.
Con el
desencadenamiento de la segunda guerra mundial, a mediados de siglo, los nazis
declararon el exterminio de los judíos, persiguiéndolos y asesinándoles en
masa, en lo que la historia conoce como el holocausto, obligando a decenas de
miles de ellos a huir de todas las zonas controladas por los nazis.
Al finalizar la
guerra, derrotados los nazis, los sionistas, que con su poder económico habían
apoyado a las potencias vencedoras, presionaron a estos gobiernos para que
accedieran a la creación de un estado judío, aprovechando la empatía mundial
que causó el conocimiento del holocausto.
Los estados árabes,
que también habían participado activamente en la lucha contra el nazismo,
presionaron a su vez a los ingleses a cumplir la promesa de independencia,
condición para su participación en la guerra; existiendo una gran cantidad de
refugiados judíos en Europa y países árabes, que eran indeseados, aprovecharon
la oportunidad cuando Inglaterra ofreció la partición del territorio palestino
para crear el estado de Israel, y desplazaron a estos judíos a esas tierras, donde
los sionistas hicieron el llamado mundial para que los judíos se instalaran
bajo una bandera nacional.
Los colonizadores
fueron rechazados desde un principio por ser considerados invasores, además
existía el precedente de que el sionismo declaraba a los judíos como “pueblo
elegido de Dios” y reclamaba toda la tierra desde al mediterráneo hasta el mar
muerto como propia; cuestión inaceptable para los estados colindantes, dueños
de esas tierras.
Frente a la
decidida resistencia a la ocupación, con el apoyo de los clanes sionistas
empoderados en Estados Unidos e Inglaterra, quienes les proveyeron de una gran
cantidad de armamento de contrabando, comenzaron a atacar a las poblaciones
cercanas, cometiendo execrables crímenes de lesa humanidad, destruyendo todo lo
que encontraban a su paso, como en Deir Yassin, en Nakba, Kafr Qasim y otros.
A su vez
crearon los Kibutz, asentamientos de colonos que se convertían en bases
paramilitares; supuestamente para defender sus fronteras de los ataques exteriores,
pero estas fronteras, año tras año, fueron expandiéndose, desplazando por la
fuerza y con violencia extrema a los habitantes de esas tierras.
Si algo hay
que entender es que, nunca se trató de religión, ni de espíritu nacional, el
sionismo nace como una ideología política de poder, usa la causa judía como una
excusa, aprovechando la empatía surgida después del holocausto, pero el poder
no es para todos los judíos, solo lo usufructúan aquellos judíos blancos que se
reclaman descendientes de las históricas doce tribus de Israel, que,
casualmente, son los que forman parte de la élite financiera mundial, los demás
judíos son solo elementos complementarios para fundamentar su poder.
Al día de
hoy Israel puede sobrevivir, sosteniendo un estilo de vida moderno y solvente
para su población, gracias al apoyo financiero de Estados Unidos, que con
acuerdos de libre comercio y de seguridad nacional transfiere miles de millones
de dólares anualmente al estado de Israel.
Actualmente
el sionismo defiende la idea de autodeterminación del pueblo judío, para
justificar el estado de Israel, mezclando intencionalmente los conceptos de
nación, religión e ideología política, con la finalidad de confundir a la
opinión pública.
En primer
lugar, ser judío no describe a una nación, el judaísmo es una de las religiones
mas antiguas de la humanidad, fundada por Abraham cuatro mil años antes de
cristo, los israelitas, miembros de las doce tribus de Israel, fueron una
nación errante por muchos siglos, hasta que lograron establecerse, por un par
de siglos, en la región de Judea, en lo que ahora es el sur de Líbano; de donde
fueron expulsados nuevamente por los persas y los romanos, mil años antes de
cristo, produciéndose una diáspora, donde las distintas ramificaciones que
dividieron el judaísmo se esparcieron por el mundo, siendo asimilados por
diferentes nacionalidades.
Por tanto,
los judíos, como descendientes directos de las doce tribus de Israel, no son
más una nación desde hace aproximadamente tres mil años, son actualmente una
corriente religiosa, que se ha asimilado en diferentes naciones, en diferentes
etnias, con muy distintas posiciones políticas.
Por el contrario,
el sionismo, es una ideología política, que propugna la supremacía étnica de
los judíos como “pueblo elegido de Dios” y se arroga la pertenencia de una
‘tierra prometida” a ellos hace cuatro mil años según escritos bíblicos, y para
conseguirlo usan la guerra expansionista, la colonización forzada, el asesinato
y el genocidio.
Como se
puede apreciar, la teoría del “espacio vital” y “la supremacía racial”, así
como el uso de la guerra y el genocidio para conseguir sus objetivos, no es
nueva, es la misma justificación que usaron los nazis en Alemania el siglo
pasado; lo sorprendente es que quienes fueron sus victimas entonces, ahora
fungen como victimarios, sin remordimientos.
Israel
nunca debió existir; fue creado artificialmente, por las potencias económicas,
para implantar una fuente de discordia en la región, donde crea un campo
aprovechable para tomar el control de las importantes fuentes energéticas que
poseen. Ese es el interés político que sostiene a Israel.
Hoy en día Israel,
sostenido por Estados Unidos, está embarcado en una guerra contra Irán; una
consecuencia lógica de su tarea como fuente de inestabilidad de la región, para
salvaguardar los intereses norteamericanos, que busca tomar control de las
fuentes de energía que este país posee.
La excusa, detener el supuesto desarrollo de un arma nuclear
en Irán, que imaginan podría usar para atacar a sus vecinos, especialmente
Israel; pero es de conocimiento mundial que nueve países tienen armas
nucleares, entre ellos el propio Israel, China, Rusia, Norcorea, pero el único que
ha hecho uso de ellas, para asesinar más de doscientos cincuenta mil personas
civiles en Japón es Estados Unidos; ¿Por qué tendrían que preocuparse por Irán,
por que pensar que serían más peligrosos que Rusia, China o Norcorea?
Ciertamente Irán esta gobernado por una teocracia, que
deja poco espacio para las expresiones democráticas; se cometen muchas
injusticias y abusos avalados por la autoridad religiosa islámica.
Con toda razón podemos estar en contra de su política
interna, pero nunca ha tenido una posición expansionista, ni ha atacado a
alguno de sus vecinos; la última confrontación la tuvo con Irak en 1980, cuando
este país decidido invadir parte de su territorio.
Sin embargo, estar en contra de su política interna no
autoriza a atacarles militarmente, ni tratar de invadirlos para cambiar el régimen,
los cambios sociales deben provenir desde sus propios ciudadanos, no de
intervenciones extranjeras.
Si Irán ha ganado en estos días una gran notoriedad y el
apoyo de una mayoría de la opinión publica mundial, es porque ha sabido enfrentarse
a la mayor potencia militar del momento para defender su soberanía; su población,
pese a la fuerte disidencia con las políticas estatales, está enfrentando las
consecuencias de la guerra, como una sola nación, resistiendo con inteligencia
los embates de una fuerza militar muy superior.
Con mayor razón cuando el enemigo tiene como aliado a un régimen
que esta siendo acusado como genocida, ante la mirada horrorizada del mundo.
Vale decir que tanto el nazismo como el sionismo, son ideologías
supremacistas y destructoras, que deben ser erradicadas de una sociedad con
valores humanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario