Se han expandido las protestas a lo largo del país en contra de los operativos de ICE y la política inmigratoria de Trump. Los defensores de MAGA argumentan que estos funcionarios federales solo están haciendo su trabajo.
Que la deportación de
los indocumentados quitará de las calles a muchos criminales y delincuentes y a
otros que aprovechan de los beneficios que el gobierno otorga con nuestros
impuestos, sin contribuir en nada.
Sin embargo, sus argumentos
caen por su propio peso. Los indocumentados no son criminales. Delincuentes y
criminales hay dentro de los ciudadanos, con visa de turista, negocios, estudiantes
y residentes legales. Seguramente en mayor proporción entre los ciudadanos.
Por otro lado, las
protestas no son en contra de que se deporte a las personas indocumentadas, que
obviamente han cometido una falta administrativa. Lo que ha despertado la indignación
ciudadana es la violencia y la crueldad con que ejecuta sus operaciones esta
entidad federal últimamente.
La intervención de
agentes enmascarados, que se niegan a identificarse, apuntando con armas de guerra
a las personas, gaseándolas y golpeándolas, arrastrándolas por el piso,
atacando a niños y ancianos, deteniendo indiscriminadamente ciudadanos y
residentes legales.
El hecho de que esta
administración les ha dado el poder de ingresar a los domicilios, escuelas,
iglesias, sin orden judicial. De que tengan inmunidad ante la ley para cometer
abusos y asesinatos. Aterrorizando a comunidades enteras, haciendo que niños no
quieran asistir a la escuela, o sus padres ir a trabajar a al mercado, por
temor a ser atacados impunemente.
Esos son los
motivos que han movilizado a decenas de miles de personas a protestar. Deportaciones
ha habido desde hace décadas. Se han deportado miles de personas anualmente. Pero
nunca usando la violencia indiscriminada con que actúan los agentes de ICE.
Agentes que han
sido contratados a destajo, sin adecuado entrenamiento, ofreciendo bonos para
las escuadras con mayor cantidad de detenidos. Lo que configura de hecho una política
de limpieza racial. Una fuerza armada al servicio, no del estado como debería ser,
sino de una ideología política. Por eso la similitud con la Gestapo alemana.
El sistema democrático
se resquebraja con un presidente que no respeta la constitución, que somete a las
instituciones que representan al estado, que quiebra el balance de poderes
necesario.
No puede sobrevivir
la democracia bajo el régimen autoritario de un mandatario. Es necesario
reaccionar y defender la constitución y los derechos ciudadanos ante el totalitarismo.
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