Lo sucedido en las elecciones en Peru no
es nada inesperado, el escenario de la comedia democrática estaba montado de
antemano, el proceso se inició más de una década atrás, con los cambios en la
leyes electorales que ponen todo el poder en las elites que manejan los
llamados partidos políticos, las múltiples reformas de la constitución que permiten
la dispersión del voto, además que elimina las posibilidades de control del
congreso por parte de las otras instituciones tutelares del estado; dos características
esenciales en toda democracia: representación
y equilibrio de poderes.
Prosiguió con el copamiento de las
instituciones: tribunal constitucional, defensoría del pueblo, junta nacional
de justicia, contraloría, ONPE; luego las campañas publicitarias terruqueando a
sus opositores en todos los medios de comunicación, que pertenecen en su gran mayoría
a un monopolio servil a la mafia gobernante; sin menospreciar las redes sociales,
que fueron invadidas por trolls difundiendo falsas noticias y llenando de
insultos los diversos sitios.
Para terminar con la intromisión descarada
de los representantes norteamericanos durante el acto electoral mismo.
Si la izquierda aceptó participar en
esta contienda, fue con pleno conocimiento de las circunstancias que la mafia
impuso desde un principio, sabiendo que, de una manera o de otra, iba a perder,
negarlo sería de una ingenuidad política inaceptable.
Ante los hechos consumados organizar la
resistencia contra la dictadura congresal es esencial, denunciar el fraude electoral
es el punto de partida, no un pequeño fraude en el conteo de votos en el
extranjero en esta última elección, sino el gran fraude que significa todo el
sistema electoral montado por la mafia para asegurarse de mantener el poder sin
importar los resultados.
Es un deber para la izquierda abrir la
conciencia ciudadana hacia lo que significa este fraude de democracia y abrir
el camino para una reforma constitucional representativa.